Palabras de presentación del libro Transectos por la selva de Guadalupe Burelli.
Librería Tecnibooks, Playa El Ángel, Pampatar. Isla de Margarita
Guadalupe aún me debe la receta de la crema de aguacate.
Una cosa cremosa, aterciopelada que acaricia el paladar y que inexplicablemente
mantenía la untuosidad y el color de unos aguacates imposibles luego de ser
trabajados bajo alguna técnica desconocida.
Ella insistía en que estaban elaborados bajo la técnica
mas sencilla del aplastamiento y crema de leche, pero no solo no le creí, sino
que al intentarlo nunca logré el objetivo. Ya es bastante riguroso conseguir
por estas tierras salobres y de aires salitrosos un aguacate que se digne en
ser llamado como tal o incluso que mejore su taxonomía náhuatl.
Y no crean que me quedé así, de brazos cruzados. No bien
habíamos comprado una casa, les invitamos a ella y a su esposo y le preparamos
unos avalones o vieiras (que, en rigor, no se llaman ni de una forma o de otra
sino sencillamente “cucharetas” aunque no nos guste por sus connotaciones, peor
es que en algunas partes de la isla le llaman “papo de la reina”). Bueno, el
punto es que junto a Dey, Kari y Juan Carlos nos disponíamos a sentarlos a
probar esta receta que aprendí de dos formas: unos acevichados por nuestro
querido Rubén Santiago y otros, ligeramente salteados por el chef Tomas
Martino. A esas recetas agregué otra presentación, al saltearlos en mantequilla
de ají margariteño. El asunto es que allí saltó Guadalupe y dice: Fer, te
quedaron buenísimos, ya le voy a mandar la foto de estos “Avalones en tres
texturas” (así los bautizó de pronto) a Ivanova para que se muera de la envidia…
Kake sonreía y alisaba un lado de su mostacho. Esa noche cerramos con unas
“pate’ cabras” (pepitonas) picantes y unos tabacos Crispín Patiño, fabulosos
que trajo Juan Carlos.