MARGARITA GASTRONOMICA en MERIDA

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jueves, abril 12, 2007

EL PAIS DE LOS FINGIDORES

Para nadie es un secreto que no hace falta ser venezolano para ver el proceso de lolificacion que se vive en nuestro país. Y no solo por la posibilidad del fondo municipal para financiar esta cirugía absolutamente plástica que se le ocurrió como una gran ideota (si, con “e”) a una concejala en nuestro estado para subir no solo el busto sino también la autoestima de las niñas de escasos recursos del Distrito Mariño. No solo busca escena, tarima, titulares y votos la concejala de marras. Con ello también intenta llegar a ese pueblo necesitado e inmensamente carente de líderes y ejemplos para entregarle como mejor mensaje la apariencia de la voluptuosidad para acercarlos a la fantasía de la prosperidad que solo se conseguirá con “un tipo de billete que te saque de este barrio, mijita”.
Y no terminamos de reponernos ante tamaño exabrupto cuando vemos la fabricación de fachadas falsas para elaborar un falso perfil urbano a los costados de la avenida Rómulo Betancourt en Porlamar. Exabrupto que no se redime a la búsqueda de una apariencia embellecida de la ciudad; por cierto, de esa parte de la ciudad olvidada, marginada y excluida de oportunidades, servicios y posibilidades. Bueno es decir también que es producto de un Estado que huye de sus obligaciones y de una estructura carente de medios para proveer los vínculos que adapten estas zonas al crecimiento urbano mismo que trae la ciudad.
De lo que se trata como en gran parte de las circunstancias que vivimos en nuestro país es del imperio de lo superfluo y las apariencias. En algo estamos de acuerdo: nos encanta una bella dama con sus hermosas y protuberantes partes mamarias que se desborden por el escote de la ajustada blusita. Y también nos gusta pintar nuestras fachadas cada diciembre ya no como sinónimo de crecimiento sino como simulación de prosperidad y estreno. Nos hemos vuelto eso, una simulación. No importa que no tengamos acaso una cama donde descansar, no perdemos tiempo en pensar en crecer, asegurar el techo y las pertenencias. Lo que importa es hacer creer. El venezolano es un fingidor. Fingimos hasta creer en quien nos desalienta y nos grita. Fingimos seguir a un líder que nos oprime y sacrificamos parte de nuestras libertades a cambio de un poco de esa inconmensurable torta de los petrodólares.
A aquella concejala poco le importó el índice de mujeres victimas del cáncer de mama y los altos costos de tratamiento. Incluso le importó nada la educación y la formación necesaria para que nuestras jóvenes crezcan alejadas de la explotación, la violencia domestica, el embarazo precoz y la prostitución. Poco le importó enseñarlas a crecer desde adentro, a financiar sus estudios o alentarlas a buscar el camino honesto del trabajo y la prosperidad. Es más importante la vía expedita de conseguir la autoestima superficial de la lolificacion y la siembra del silicón “para que seas alguien en la vida”.
Y si esto fuera poco, nos secaron la Semana Santa sin previo aviso. Algunos dicen que a este gobierno lo que le gusta es molestar. “Así, así, así es que se gobierna”. Todo esto demuestra una vez mas, que no solo carecemos de un estado que haga cumplir el estamento legal existente (de Transito, de Comercio, Civil y Penal). El tema es que sin explicaciones intentan matar el perro para acabar con la sarna. Coerciendo a quien esta ejerciendo la actividad legitima y legal del comercio y el servicio con tal de aparentar que vivimos felices y regresamos sanitos a casa mientras nuestras carreteras se tiñen de rojo -literalmente- temporada tras temporada en medio de esa vorágine que nos lleva a bebernos hasta el agua de las piscinas de Margarita. Fingir que estamos sobrios para salir bonitos en la fotografía de la prensa esta semana. Un país feliz: el país de los fingidores.

2 comentarios:

ignacio dijo...

Implementar una politica de implantes mamarios como sosten de una politica social por un lado, y prohibir el consumo de alcohol bajo pretexto de promover las buenas costumbres y la seguridad publica por el otro no solo son dos iniciativas cuestionables por separado, sino que juntas desatan una sinergia diabolica que expresa una actitud claramente masoquista de este gobierno. ¿A quién se le puede ocurrir prohibir el alcohol, ese facilitador social y del ligue por excelencia, mientras frente a las copas vacias desfilan bustos cada vez mas provocativos?

ignacio dijo...

Implementar una politica de implantes mamarios como sosten de una politica social por un lado, y prohibir el consumo de alcohol bajo pretexto de promover las buenas costumbres y la seguridad publica por el otro no solo son dos iniciativas cuestionables por separado, sino que juntas desatan una sinergia diabolica que expresa una actitud claramente masoquista de este gobierno.

¿A quién se le puede ocurrir prohibir el alcohol, ese facilitador social y del ligue por excelencia, mientras frente a las copas vacias desfilan bustos cada vez mas provocativos?